A Confession of Faith


We believe that God the Father,
Good Creator and giver of life,
Calls us to love all creation
And care for it as respectful stewards,
To do justice, to love mercy,
And to walk humbly with God.
We believe that Jesus Christ,
Sent from God to save and lead us,
Teaches us to love God with heart, soul, mind, and strength
And to love our neighbors as ourselves,
So we see God in the poor, oppressed, condemned, and forgotten,
And embrace all people with God’s true compassion.
We believe that the Holy Spirit
Unites us in God’s eternal dance of love,
Empowers us diversely to serve and love,
Expresses through us the fruits of love,
And fills us to overflow with grace, truth, beauty, and life
As God’s agents in this world.

Read More


0 Comments1 Minutes

La duda como marea de la fe

Brian McLaren


La duda. Es como una sequía espiritual, una noche sin estrellas del alma, una marea baja donde la fe parece haberse retirado para siempre. Casi todos nosotros experimentamos esos tiempos secos, oscuros y difíciles en los que Dios no parece ser real y cuando cuesta tanto seguir adelante, y mucho más crecer. A veces, estas mareas bajas de la fe están relacionadas con sucesos... la muerte de un ser querido, una relación rota, la pérdida de un trabajo, una enfermedad prolongada, preguntas planteadas por un libro o un profesor. Pero a veces parecen surgir de la nada; el sol está brillando afuera, pero por dentro sentimos que está oscuro, nublado, gris, vacío.
Como pastor, tengo que tratar con cuestiones de fe y duda a diario. Pero no son sólo las luchas con la fe de las demás personas que tengo que enfrentar; yo experimento mis propias mareas altas y bajas de fe en medio de un ministerio activo. A través de todo esto he aprendido que la duda puede ser un portal hacia el crecimiento espiritual.
Antes de ser pastor de Cedar Ridge Community Church, en la zona de
Baltimore-Washington, era profesor en una universidad secular. Me llamó la atención allí cuán superficiales son muchas de nuestras respuestas cristianas a la luz de las preguntas profundas formuladas. Desde entonces, he querido ayudar a los cristianos a tener una fe más profunda y reflexiva, y he querido ayudar a los buscadores espirituales a obtener buenas repuestas a sus preguntas inquisidoras, para ayudarlos a llegar a una fe que sea sincera, vibrante y creciente.
La iglesia que sirvo está compuesta, aproximadamente en un 55%, por personas que son nuevas a una fe cristiana comprometida. Una de las cosas excelentes que tienen estas personas es que no han aprendido a ser deshonestas aún, espiritualmente hablando. Por ejemplo, recuerdo cómo una cristiana, ya con muchos años de crecimiento, se me acercó luego del culto un domingo y me dijo: “Brian, por favor ora por mí. Estoy pasando nuevamente por unas de esas etapas en las que no creo que Dios existe”. Aunque este tipo de sinceridad es rara, esa clase de dudas no son para nada raras. Estoy seguro que algunos de ustedes está asintiendo con la cabeza ahora mismo, diciendo: “Sí, he pasado por eso” o “Es donde me encuentro ahora”.
Cuando cristianos comprometidos se me acercan para hablarme de sus dudas, una de las primeras cosas que les digo es: la duda no siempre es mala. A veces, la duda es completamente esencial. Pienso en la duda como en algo análogo al dolor. El dolor nos dice que algo cerca o dentro de nosotros es peligroso para nuestro cuerpo físico. Es una llamada de atención y para la acción. Similarmente, creo que la duda nos dice que algo en nosotros... un concepto, una idea, un esquema de pensamiento... merece más atención porque puede ser dañino, o falso, o está fuera de equilibrio.
Tal vez piense que estoy sugiriendo que la duda puede tener, en realidad, virtudes. Supongo que sí, pero no siempre. Hay una especie de duda oscura, un tipo de duda exagerada y autodestructiva, que lleva a la desesperanza, la depresión y el autosabotaje espiritual. Lo veo así: una imaginación es buena, pero la imaginación fuera de control se llama psicosis. El temor es saludable, pero fuera de control se llama paranoia. La sensibilidad es un don maravilloso, y la ira es una emoción necesaria, pero la sensibilidad o la ira fuera de control pueden llevar a la depresión. La duda es igual. Sin control, se vuelve incredulidad, un corazón endurecido, un cinismo arrogante o derrotista. Pero, en equilibrio, es nuestro “contador Geiger” de errores. Sin ella, nos volveríamos crédulos, ingenuos o estúpidos... ¡que no son grandes cualidades espirituales! Se parece mucho a la culpa. Francis Schaeffer solía decir que la culpa era como un perro guardián: útil para alertarlo del peligro. Pero si el perro se da vuelta y ataca al dueño de casa, debe ser refrenado y reentrenado.
Así que, si usted pregunta: “La duda, ¿es buena o mala?”, tendría que contestar: “Sí”. Puede ser una cosa o la otra. Frederick Buechner expresa esta ambivalencia acerca de la duda de forma hermosa: “Sea que su fe es que existe Dios o que no existe Dios, si no tiene ninguna duda, una de dos: se está autoengañando o está dormido. La duda es el hormigueo de la fe. La mantiene despierta y en movimiento” (Wishful Thinking).
He encontrado que esto se cumple de muchas formas en mi propia vida. Por ejemplo, recibo constantemente e-mails y cartas de personas que leyeron mi libro Finding Faith. Muchas han sido agnósticas y ateas endurecidas toda su vida, y muchas otras han sido cristianos que han “perdido su fe”. Pero Dios ha usado el libro para atraerlas a una búsqueda espiritual. Me dicen que yo entiendo y me ocupo de sus preguntas, o que las respuestas que doy a sus preguntas son mucho más útiles que las “respuestas fáciles” que han escuchado en el pasado. En cada caso, la única razón por la que puedo ayudarlas es porque yo he tenido las mismas preguntas –o sea, dudas– que ellas, y me he rehusado a transmitirles respuestas que no funcionaron para mí. Como dijo Buechner, mis dudas me mantuvieron en movimiento.
Lo pienso de esta forma: todos los cristianos están dedicados a un crecimiento espiritual de por vida. Eso significa que, dentro de cinco años, su conjunto de creencias debería ser distinto del de hoy... sus creencias tendrán un ajuste más fino, estarán más probadas, serán más equilibradas, estarán más examinadas. ¿Qué lo lleva a examinar una creencia y probarla, contra todo el trasfondo de la Biblia (no sólo un versículo de prueba tomado fuera de contexto), contra el sabio pensamiento de la comunidad cristiana en general (tanto ahora y a lo largo de la historia) y contra las realidades que usted experimenta? Es que algo dentro suyo no está tranquilo acerca de una creencia... algo en usted duda de ella. Al dudar de ella y luego examinarla, usted puede mantenerla porque pasó la prueba, descartarla o ajustarla.
Por ejemplo, de niño me enseñaron una versión de la fe cristiana que consideraba a la ciencia como “el enemigo”. Para ser un buen chico en mi Escuela Dominical, debía creer que la Tierra era muy joven, que todo el registro fósil era un engaño, que los biólogos y arqueólogos estaban en una conspiración científica contra Dios, y cosas similares. Creí en esto hasta la escuela secundaria, pero entonces me invadieron las dudas. La evidencia científica contra ese sistema de creencia parecía muy fuerte. Esto me llevó a realmente comenzar a pensar, leer y cuestionar. Tuve la libertad de hacerlo, y el resultado ha sido una fe vigorosa que ha crecido en los últimos 30 años, firmemente arraigada en la Biblia, pero sin temor a los hallazgos de la ciencia. Me di cuenta de que mi problema no estaba en lo que dice la Biblia, sino en lo que algunos cristianos decían que dice la Biblia. Como resultado, me siento libre para cuestionar “dogmas”, tanto de la iglesia como de la ciencia, porque creo que Dios quiere que busque la verdad, y porque todos –predicadores y científicos por igual– pueden equivocarse. En realidad, supongo que en este mismo momento estoy equivocado en cientos de mis creencias, y espero que Dios me siga llevando a dudar de estas creencias para que pueda abrazar otras mejores.
Hay quienes no estarán de acuerdo. Podrían preguntar: “Pero, ¿acaso esa apertura a la duda no llevará a la inestabilidad e inseguridad espiritual?”. Yo respondería haciendo la pregunta opuesta: “¿Acaso la renuencia al cuestionamiento no llevará a una falsa seguridad que podría ser aún más peligrosa?”. Por ejemplo, imagínese que estamos en el año 1860, y usted es un cristiano caucásico en el sur estadounidense al que se le enseña en la iglesia que las personas de piel oscura son inferiores y, por lo tanto, deben ser nuestros esclavos. La Biblia es usada para respaldar esta creencia como un absoluto moral, y dudarlo es considerado como traición no sólo contra el estado sino contra la iglesia también. ¿No piensa que una persona sería un mejor cristiano si dudara de esa creencia? O piense en Galileo, en la Edad Media. Él dudaba de la enseñanza de la iglesia (“demostrada” absolutamente por la Biblia) de que el sol rotaba alrededor de la tierra. ¿Habría sido un mejor cristiano –sin hablar de un mejor astrónomo– si se hubiera rehusado a dudar?
El tema de la ciencia y la fe es un estímulo importante para la duda, pero creo que estará de acuerdo en que no es el mayor instigador de dudas. Esa distinción tendría que ir al problema del sufrimiento y el mal. Uno llega del trabajo y consulta CNN online, y lee acerca de otra matanza en Columbine, Wedgewood, Atlanta o Dallas, o ve fotos del último terremoto en Turquía o Taiwán, y no puede evitar preguntarse: “¿Cómo puede un Dios bueno y todopoderoso permitir que ocurran estas cosas terribles?”.
Otro inspirador de dudas importante es el mal comportamiento entre cristianos e iglesias; el comportamiento defectuoso de los religiosos plantea dudas frecuentemente acerca de la legitimidad de la fe cristiana. Esto es crucial, tanto para personas que concurren a la iglesia como para los que no lo hacen. Otro, es la cuestión de qué ocurre con las personas que no creen. Parece tan injusto y poco compasivo cuando algunos cristianos parecen casi superficiales en su disposición a consignar a la mayor parte de la raza humana al infierno. El hecho mismo de que cristianos compasivos llegan a amar realmente a sus prójimos los hace dudar de esta actitud endurecida y superficial hacia sus prójimos de parte de predicadores como yo. Los cristianos sensibles sienten que debe haber una respuesta mejor.
Si usted fuera a abordarme con cualquiera de estos temas difíciles, lo último que quisiera hacer es ofrecerle una respuesta breve y fácil. Considerar con respeto sus dudas nos llevaría a desarrollar una relación auténtica, involucrarnos en una verdadera conversación y recorrer un proceso algo largo. En cada caso, creo que comenzaría por afirmar lo bueno que usted está buscando: verdad, autenticidad, sinceridad, compasión, justicia. Luego, más que dar respuestas, lo ayudaría a idear varias respuestas posibles; lo ayudaría a crear opciones. Luego, juntos, evaluaríamos las opciones a la luz de la Biblia, la experiencia, las cosas que hemos leído o escuchado de personas sabias. En vez de aparecer como el gran maestro con todas las respuestas, trataría de arrimarme a usted como un compañero en busca de esas cosas buenas: verdad, sinceridad, justicia, y todo lo demás. Y esto es muy importante: trataría de ayudarlo a seguir orando durante el proceso, porque, en última instancia, la fe no se trata sólo de respuestas o conceptos; tiene que ver con reconocer que muchas de las verdades más grandes de la vida serán misterios para nosotros debido a las limitaciones de nuestra diminuta inteligencia. Tiene que ver con recurrir a Dios para que nos guíe, y pedir la ayuda de Dios para que podamos ser buscadores sinceros y de buen corazón. Esta es la fe de un niño, en mi opinión. No se trata de ingenuidad o pereza intelectual, sino de hacer preguntas y tener una curiosidad insaciable por la verdad, y acudir a alguien que sabe más que nosotros.
Por eso estoy tan convencido de que la duda puede ser un portal hacia el crecimiento espiritual. Lamentablemente, como la mayoría de las vías de crecimiento, suele ser dolorosa. El dolor intelectual es un costo subestimado de seguir a Cristo. Si no me interesara seguir a Cristo, no me importaría demasiado ser sincero, buscar la verdad, enfrentar la realidad... Estaría más tentado a simplemente seguir la corriente, tomar el camino fácil, tal vez anestesiando mi dolor intelectual en vez de perseverar a través de ese dolor hacia la verdad.
Si usted está atravesando esa clase de dolor intelectual ahora mismo, vuelvo a decirle que quiero alentarlo a orar al respecto... a ponerlo todo ante Dios. Es que la clase de dependencia de Dios que usted está ejerciendo ahora, en medio de la incertidumbre y la confusión, puede ser la forma más pura de fe que se encuentra en el planeta Tierra. Involucra un acto de la voluntad y una valentía que creo que debe ser más valioso –tal vez hasta heroico– que lo que normalmente nos damos cuenta. Además, lo alentaría a buscar un círculo de amigos con quienes pueda ser transparentemente sincero. Recuerdo una vez, durante mi tiempo en la universidad, que derramé mis dudas ante un buen amigo. Me escuchó, y nunca olvidaré lo que dijo: “Brian, en este momento preciso nada de esto te parece real. Pero sentado del otro lado de la habitación hay un amigo tuyo cuya fe es fuerte en este preciso instante, y sé que enfrentaremos esto juntos”. Su presencia y su amistad me ayudaron a superar la marea baja de mi fe.
Quiero hacer algo más por usted, si está pasando por una marea baja de la fe. Quiero alentarlo a subir a un nuevo nivel de pensamiento cristiano investigando nuevos autores y conferencistas. Obviamente, si el pensamiento al que ya está siendo expuesto fuera suficiente para abordar las preguntas que está haciéndose, usted no tendría un problema. El hecho de que su fe está luchando significa que usted necesita nuevos maestros. Eso significa, en la marea baja, aceptar el desafío de pensar más, y no menos; más profundamente, y no más superficialmente. Así que podría significar que está listo para leer a C. S. Lewis y Peter Kreeft, Phillip Yancey y Romano Guardini, Lesslie Newbigin y Nancey Murphey, San Agustín y Blas Pascal, León Tolstói y Fiódor Dostoievski, Walker Percy y Tomás Merton. Probablemente haya escuchado la cita que dice algo así: una mente que se estira para incorporar un nuevo pensamiento nunca se encoge a sus dimensiones anteriores. En tiempos de duda, es ineludible: deberá estirarse.
Pero, de nuevo, ¿acaso no debería ser así? ¿Acaso un cristiano que crece no debería tener una comprensión que crece? ¿No vale la pena sufrir algún dolor intelectual para tener una fe vibrante, sincera y probada? En Finding Faith hablo acerca de esto con algún detalle. Describo cómo la fe parece crecer en una especie de espiral iterativa y ascendente que tiene cuatro etapas. Llamo a la primera etapa sencillez, donde todo es simple y fácil, blanco y negro, conocido o conocible. Luego viene la complejidad, cuando uno se centra en las técnicas para encontrar la verdad, ya que el escenario se ha vuelto más complejo. Después viene la perplejidad, cuando uno se vuelve una especie de aprendiz desilusionado, donde duda de todas las figuras de autoridad y los absolutos, donde todo parece relativo y difuso. Solía llamar a la cuarta etapa madurez, pero un amigo señaló que sería mejor llamarla humildad, porque en la cuarta etapa uno acepta sus limitaciones, y aprende a vivir con el misterio, no como una forma de transigir, sino como una realización sincera de que sólo Dios entiende todo. Uno sale de la cuarta etapa llevando una lista más corta de creencias probadas y atesoradas en las que basa su vida, y con muchos de sus dogmatismos anteriores sostenidos no tan fuertemente. En un sentido, una persona sigue encontrando fe y luego frustrándose con ella y, en cierto sentido, perdiéndola, para luego encontrar una mejor versión de ella, y así sucesivamente, tal vez como la actualización de un software...
Fue esto lo que me ocurrió a mí. En esta etapa de mi vida, he tamizado y he vuelto a tamizar, y he tenido que dejar algunas creencias, mientras que otras han demostrado que merecen ser guardadas. Es aquí donde Jesús es tan maravilloso y de tanta ayuda para una persona cuya fe está en una marea baja, porque Él consideró todo el sistema religioso de los fariseos, que era tremendamente complejo y lleno de inconsistencias, y básicamente dudó de él. Tamizó mucha basura y redujo el resto a algunos conceptos básicos hermosos... como amar a Dios con todo nuestro corazón, mente, alma y fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo. Prefiero que alguien esté seguro de estos pocos conceptos básicos y viva según ellos a que esté seguro de un millón de puntos finos de teología sistemática, y no viva según el llamado de Cristo a amar.
A veces pienso que nuestras iglesias son como el estado de California, construida sobre una “falla de San Andrés” de dudas reprimidas. Bajo una superficie hermosa, la presión de las dudas no expresadas ni resueltas se está acumulando para cada vez más personas y, tarde o temprano, todo el paisaje se resquebrajará y se desmoronará. La situación se intensifica por este punto precario de la historia en el que nos encontramos, esta transición entre un mundo moderno languideciente y un mundo posmoderno emergente. Tal como lo veo yo, todos hemos sido discipulados en una versión completamente moderna del cristianismo, y aquí nos encontramos en medio de una transición hacia un mundo posmoderno. Como resultado, nuestra apologética y teología sistemática modernas parecen cada vez más desactualizadas para quienes somos personas más posmodernas. Por eso pienso que estamos acercándonos a un tiempo de verdadera conmoción, con personas que plantean nuevas preguntas posmodernas que los cristianos modernos aún no han comenzado a contestar.
Pero es aquí donde aparece la fe, una fe que se apoya en Dios mismo, y no en nuestra propia comprensión, incluyendo nuestra propia comprensión teológica. Tenemos el desafío de creer que hay buenas respuestas allá afuera, si tan sólo tenemos la valentía de insistir a través del dolor intelectual de cuestionar, buscar, aprender y estirarnos. Creo a Jesús cuando dijo que nunca nos dejaría ni nos abandonaría, y esto incluye aun cuando cuestionamos. O, como dijo Pablo: aun cuando seamos infieles, Dios permanece fiel. Es irónico: cuanto más libre me encuentre para dudar de mis creencias específicas, más libre me vuelvo para aferrarme a esa fe personal en Dios. En el punto en que la marea de la fe parece más baja, si perseveramos y no nos damos por vencidos, veremos cómo vuelve de nuevo.
Traducción: Alejandro Field
© Copyright 2003-2006 Brian McLaren

Read More


0 Comments27 Minutes

Carta abierta a los escritores de canciones de adoración

Brian McLaren


Esta carta abierta apareció por primera vez en Worship Leader Magazine (www.worshipleader.com) y ha sido adaptada y usada con permiso de Brian McLaren (brianmclaren.net).
Envío un saludo a mis compañeros escritores de canciones, compañeros adoradores, compañeros líderes de adoración, compañeros músicos/artistas y compañeros seguidores de Jesús.
En los últimos años he tenido el privilegio de estar “en el camino” mucho tiempo, mayormente hablando con jóvenes líderes emergentes. Supongo que me pidieron hablarles gracias a algún cupo para personas de más de cuarenta años, y también porque muchos líderes emergentes están luchando con la posmodernidad, un tema que me llevó a perder gran parte de mi cabello en mi lucha personal con él, y acerca del cual he escrito algunos libros. Cuando estoy en casa, soy pastor en una iglesia que se ha comprometido a ingresar a la transición posmoderna y encarar sus problemas osadamente y confiadamente. Digo “osadamente y confiadamente”, sabiendo que aún no hay mapas para guiar a la iglesia en esta aventura, así que en realidad no tenemos ninguna idea de adónde nos dirigimos, excepto que estamos intentando seguir a Jesús. Supongo que nos sentimos como los hijos de Israel, cuando dejaron el Egipto de la modernidad y cruzaron el mar hacia el desierto desconocido... estamos confiando en que una columna de nube y una columna de fuego, enviados por Dios, nos guiarán de día y de noche.
Uno de los beneficios adicionales de viajar es que, como músico, realmente he disfrutado de escuchar muchísimas bandas de adoración y líderes de adoración, y he pasado literalmente horas en prácticamente cada evento siendo guiado en adoración. Creo poder compartir muchas observaciones y afirmaciones con ustedes, que son líderes de adoración. Hay muchas tendencias alentadoras, junto con algunos problemas persistentes. Pero hay una observación que se destaca. En realidad, es un pedido más que una observación, un pedido para que los escritores de canciones entre nosotros exploren y luego nos guíen hacia un nuevo territorio lírico/espiritual.
Uno escucha muchas quejas acerca de música poco convincente, letras trilladas, poca profundidad teológica, etc. en el mundo de la música cristiana contemporánea. Algunas de estas quejas vienen de personas que secretamente quisieran que volviésemos a cantar himnos, como se hacía en la década del 50 (1800 o 1900, elijan ustedes). No me interesa quejarme, y me interesa poco la década del 50 (salvo tal vez la del 2050).
No, lo que busco es lo siguiente. Muchos de nosotros creemos que estamos ingresando (o ya hemos ingresado) a un importante período de transición teológica/cultural/espiritual, muy posiblemente de tanta importancia histórica como el período de la Reforma, cuando el mundo medieval cedió al mundo moderno. Ahora, al ceder el mundo moderno al posmoderno, deberíamos esperar ver una revolución en la teología (al final, ayudándonos a ser más bíblicos, más espirituales, más eficaces en nuestra misión; y, por favor, Dios, más claros acerca de cuál es nuestra misión). Pero se nos presenta un problema.
En el mundo moderno, la teología era hecha por eruditos, y se expresaba en libros y conferencias. En el mundo posmoderno, muchos creemos que los teólogos tendrán que dejar la biblioteca más frecuentemente y mezclarse con el resto de nosotros. Y los mejores de entre ellos se tomarán de las manos con poetas, músicos, cineastas, actores, arquitectos, diseñadores de interiores y paisajistas, bailarines, escultores, pintores, novelistas, fotógrafos, diseñadores de páginas Web, y todos los hermanos y hermanas artísticos posibles... no sólo para comunicar una teología posmoderna y cristiana... sino también para discernirla y descubrirla. Porque un cambio importante de esta transición es el cambio del cerebro izquierdo al cerebro entero, del racionalismo reduccionista y analítico a un holismo teológico más amplio, una teología que trabaja en la mente y el corazón, el entendimiento y la imaginación, la proposición y la imagen, la claridad y el misterio, la explicación y la narración, la exposición y la expresión artística.
Nuestros escritores de canciones pueden jugar un papel espiritual clave en arraigar esta teología más holística en nuestro pueblo.
Pero, lamentablemente, al sentarme en una multitud de lugares escuchando (y generalmente participando) en largos tiempos de adoración en todo el país, he sentido que las letras de nuestras canciones raramente nos guían hacia este nuevo territorio. En cierta forma, nos están reteniendo. Por favor, se los ruego, no escuchen esto como una crítica, sino como una sugerencia –un pedido amable pero sentido del corazón– para cambiar.
Déjenme ser específico. Demasiadas de nuestras letras son embarazosamente personalistas, acerca de Jesús y yo. La intimidad personal con Dios es un avance asombroso por sobre una recitación fría, abstracta, rígida de un dogma. Pero esa no es toda la historia. De hecho –y esto podría sacudirlos–, no es, en el nuevo mundo emergente posmoderno, necesariamente el principal punto de la historia. Una canción de adoración popular que he escuchado en muchos lugares en los últimos años (y que cantamos en Cedar Ridge, donde pastoreo) dice que la adoración “tiene todo que ver con Ti, Jesús”. Independientemente de esa frase, realmente uno siente la adoración, pero el cristianismo, en general, “tiene todo que ver conmigo, yo y yo”.
Si dudan de lo que estoy diciendo, presten atención la próxima vez que estén cantando en adoración. Se trata de cómo Jesús me perdona, me abraza, me hace sentir su presencia, me fortalece, me sostiene cerca, me toca, me revive, etc., etc. Ahora, todo esto está bien. Pero si un extraterrestre de Marte fuera a observarnos, creo que diría una de dos cosas: a) estas personas son todas levemente disfuncionales y necesitan mucha terapia de abrazos (lo cual es irónico, porque se encuentran entre las más ricas del mundo y han sido bendecidas en todo sentido más que ningún grupo de la historia) o b) no les importa un bledo el resto del mundo, que su religión/espiritualidad los hace tan egoístas como cualquier no cristiano, en lo espiritual más que en lo material.
No creo que ninguna de estas acusaciones sea tan cierta como le parecería a un observador marciano; más bien, considero que nosotros, los escritores de canciones, seguimos escribiendo canciones como éstas porque creemos que es lo que la gente quiere y necesita. Lo que da miedo es que, aun cuando yo no crea que estas acusaciones sean completamente verdaderas... podrían volverse más verdaderas a menos que tomemos alguna acción correctiva y busquemos un mejor equilibrio.
Es embarazoso reconocerlo, pero algunos de nosotros estamos pensando ahora mismo: “Si la escritura de canciones espirituales no tiene que ver con una intimidad profunda y personal con Dios, ¿qué más hay?”.
Déjenme ofrecerles una lista de temas bíblicos que considero que haríamos bien en explorar en nuestras letras:
1. Se sorprenderán de escucharme mencionar la “escatología” primero, y déjenme asegurarles que no quiero decir ponerle música a la última novela apocalíptica. (¡Por favor! ¡No! ¡No eso!). Al hablar de escatología (que significa el estudio del final o meta hacia el cual se mueve el universo), quiero decir la visión bíblica del futuro de Dios que nos está atrayendo hacia sí mismo. Para muchos de ustedes, criados como yo entre las escatologías modernas recientes, les sorprenderá escuchar que hay un enfoque completamente nuevo de la escatología que está emergiendo (guiado por algunos teólogos como Walter Brueggeman, Jurgen Moltmann y los “teólogos de la esperanza”.) Este enfoque no se mete con gráficos “modernos” o predicciones inciertas. Más bien, se baña en la poesía bíblica de Isaías, Jeremías, Apocalipsis... una poesía que, cuando entra en nosotros, planta una visión de un mundo muy diferente y mejor que el nuestro. Y cuando esta esperanza crece y se arraiga en nosotros, nos volvemos agentes de ella. ¡Qué gozo puedo imaginar expresado en canciones que capturan el espíritu de Isaías 9:2-7, 25:6-9, 35:1-10, 58:5-14! ¿Quién escribirá estas canciones?
Necesitan ser escritas, porque las personas necesitan esperanza. Necesitan una visión de un buen futuro. Necesitan tener en su imaginación imágenes de la celebración, la paz, la justicia y la integridad hacia los cuales nuestro mundo sombrío, conflictuado, contaminado y fragmentado debe moverse. Esto es muchísimo más grande que hablar de que voy a estar en el cielo. No se trata de nubes e imágenes etéreas de otro mundo. Métanse en esos pasajes, escritores de canciones... y dejen que su corazón sea inspirado para escribir canciones de esperanza, canciones de visión, canciones que alojen en nuestros corazones un sueño de un futuro que ha sido olvidado por demasiado tiempo... el sueño de la llegada del reino de Dios, de la voluntad de Dios hecha en la tierra como en el cielo.
2. Tal vez se sorprendan igualmente al escucharme sugerir que necesitamos canciones de misión. Muchos de nosotros creemos que un sentido nuevo y mayor de misión (no sólo misiones, y no sólo evangelismo, sino misión: participar en la misión de Dios, el reino de Dios, que es tanto más grande y grandioso que nuestros pequeños proyectos de autobombo organizacional) es el elemento clave necesario al ingresar al mundo posmoderno.
Esto es un golpe al corazón de nuestra cultura consumista, que tiene “todo que ver conmigo, todo conmigo, yo y yo”. Jesús vino no para ser servido sino para servir... y, así como Él fue enviado, nos envió a nosotros al mundo. El corazón mismo de nuestra identidad como iglesia en la nueva teología emergente no es que somos el pueblo que ha sido escogido para ser bendecido, salvado, rescatado y bendecido todavía más. Esta es una herejía propia de una verdad a medias que nuestras canciones corren el peligro de difundir y arraigar cada vez más en nuestro pueblo; inadvertidamente, por supuesto. No, el corazón de nuestra identidad como iglesia en la nueva teología emergente es que somos el pueblo que ha sido bendecido (como lo fue Abraham) para ser bendición, bendecidos para que podamos transmitir bendiciones al mundo.
Para muchos de nosotros, el mundo existe para la iglesia. Es como una mina a cielo abierto de donde son extraídas las personas para construir la iglesia, que es lo que realmente importa. En la nueva teología y espiritualidad posmodernas emergentes, esa imagen es terrible. Refleja el ultraje y el saqueo del entorno realizado por nuestras modernas empresas industriales. En esta imagen, la iglesia es otra industria, tomando y tomando para su propio provecho. Cuán diferente es la imagen de la iglesia como comunidad apostólica, enviada al mundo como las manos, los pies, los ojos, la sonrisa y el corazón de Cristo. Necesitamos canciones que celebren esta dimensión misional. ¡Buenas canciones, y muchas!
Para inspiración, debemos volver a la Biblia y leer a los profetas y los evangelios, identificándonos con su corazón por los pobres, los necesitados, los quebrantados. ¿No deberían estos temas ser expresados en canción? ¿No merecen esa dignidad? Mientras escribo, me viene este pensamiento: tal vez hemos sobreenfatizado tanto el papel de las canciones en la adoración, con exclusión de muchas otras opciones litúrgicas (poesía, oraciones históricas, silencio, lectura meditativa, etc.), que hemos olvidado el papel de la canción en la enseñanza. ¿Recuerdan Colosenses 3, donde Pablo habla de cantar las enseñanzas de Cristo unos a otros en canciones del espíritu?
3. Tal vez se sorprendan igualmente al escucharme recomendar que redescubramos la espiritualidad cristiana histórica y que la expresemos en nuestras letras. Como nos están enseñando Robert Webber, Thomas Odin, Sally Morgenthaler y otros, hay una riqueza de escritos espirituales históricos, incluyendo muchas oraciones hermosas, que claman por ser traducidos a canciones contemporáneas. Cada era de la historia tiene ricos recursos que ofrecer, desde el período patrístico al período puritano, pasando por el período celta. En cada página de Tomás de Kempis, en cada oración de los grandes santos medievales, hay inspiración esperándonos... y cuando consideramos las letras repetitivas y formulistas que están cantando millones de cristianos (porque eso es lo que estamos escribiendo, amigos), la oportunidad perdida es desgarradora. Estas “voces peregrinas” ensancharán nuestros corazones y las enriquecerán inconmensurablemente... y terminarán convirtiéndose en lo que realmente son, las voces de amigos, de hermanos y hermanas, si los invitamos a nuestra adoración mediante canciones.
4. Probablemente les sorprenda menos escucharme decir que necesitamos oraciones que simplemente traten de Dios... canciones que pongan a Dios en el foco, por así decir, de Dios como Dios, el carácter de Dios, la gloria de Dios, no sólo por la gran tarea que está haciendo Él para que me sienta bien. Y, similarmente, necesitamos canciones que celebren lo que Dios hace por el mundo –todo el mundo–, y no sólo para mí, o nosotros. Si no tienen idea de lo que estoy diciendo, lean los salmos, porque les encanta celebrar lo que el Señor hace por toda la tierra, no sólo el pueblo de Israel. Muchas de las canciones que necesitamos también celebrarán a Dios como Creador... un tema importante en la Biblia, pero no para la mayoría de nuestras iglesias. Hemos carecido de una buena teología de la creación en la era moderna, y necesitamos escritores de canciones/artistas y teólogos que se unan en la cultura emergente para celebrar a Dios como Dios de la creación, no sólo 15.000 millones de años atrás (o cuando haya sido) sino hoy, ahora... el Dios que conoce los gorriones que caen, cuya gloria aun resplandece en el relámpago, cuya bondad aun cae como el rocío de la mañana, cuyos misterios siguen reflejándose en las profundidades del océano y en la vasta extensión del cielo nocturno.
5. También debería mencionar las canciones de lamento. La Biblia está llena de canciones que lloran, canciones más tristes que los blues, canciones que sienten la agonizante distancia entre lo que esperamos y lo que tenemos, entre lo que podríamos ser y lo que somos, entre lo que creemos y lo que vemos y sentimos. La sinceridad es perturbadora, y las canciones de lamento no siempre terminan con la típica frase trillada de una tarjeta de saludo para tratar de mitigar el dolor. A veces pienso que estamos demasiado felices; la única forma de volvernos más felices es volvernos más tristes, sintiendo el dolor de los enfermos crónicos, los desesperadamente pobres, los enfermos mentales, los solitarios, los viejos y los olvidados, las minorías oprimidas, la viuda y el huérfano. Este dolor debería abrirse camino en el canto, y estos cantos deberían abrirse camino en nuestras iglesias. Lo amargo hará más dulce lo dulce; sin lo amargo, lo dulce puede volverse empalagoso, y demasiadas de nuestras iglesias se parecen a Disneylandia. ¿Es mucho pedir que seamos más sinceros? Dado que la duda forma parte de nuestras vidas, dado que el dolor y la espera, y la desilusión aún no resuelta son parte de nuestras vidas, ¿no pueden estas cosas verse reflejadas en las canciones de nuestras comunidades? ¿Acaso cuando cantamos interminablemente acerca de la celebración no pierde su vitalidad (y aun su credibilidad) si no cantamos también acerca de la lucha?
Ya que estoy, permítanme ofrecer algunas observaciones y pedidos con relación al estilo. Repito, no estoy tratando de ser crítico, sino ayudar y ofrecer formas en las que ustedes, con sus dones, puedan servir mejor a la iglesia y nuestra misión en estos tiempos de transición. Lo haré en forma de preguntas.
Primero, ¿puedo sugerir que dejemos definitivamente y completamente el español de Reina-Valera en nuestras nuevas letras, aun cuando escojamos retenerlo en las viejas? No hace falta agregar más.
Segundo, ¿puedo sugerir que tengamos cuidado acerca de usar lenguaje bíblico gratuitamente: Sion, Israel, iniquidad, justificación, etc.? Si existe una buena razón para usar estos términos, es decir si los estamos usando intencionalmente, y no sólo para darle un “toque espiritual”, está perfecto. En caso contrario, si podemos encontrar términos e imágenes contemporáneos que pueden comunicar más sucintamente, sentidamente, inmediatamente y profundamente a las personas que no cuentan con muchas horas de banco... entonces, usémoslos, en el espíritu de 1 Corintios 14, donde la inteligibilidad para el buscador espiritual es una virtud del evangelio.
Tercero, ¿puedo sugerir que, en la era de matanzas en las escuelas y de fundamentalismo islámico, nos cuidemos de usar la terminología de la jihad y la guerra santa? Supongo que hay un tiempo y lugar para estas cosas, pero no creo que sea éste. A todos nos hace falta una fuerte dosis de “paz anabautista” en este momento, en mi opinión.
Cuarto, musicalmente, ¿soy el único al que le gustaría más variedad rítmica? ¿Por qué soy tan bendecido por bateristas y percusionistas creativos dondequiera que vaya?
Quinto, ¿podrían nuestros líderes de adoración enriquecer la experiencia musical leyendo la Biblia, grandes oraciones de la iglesia histórica, credos, confesiones y poesías sobre fondos musicales? Tal vez no les guste la música rap, pero está tratando de decirnos algo acerca del poder perdurable de la palabra hablada, es decir la palabra hablada bien elegida. (Tenemos demasiadas palabras mal elegidas ya; creo que estarán de acuerdo conmigo.)
Y, finalmente, ¿podrían nuestros compositores de letras comenzar a leer buena poesía, buena prosa, para que puedan estar sensibilizados a los poderes del idioma, la gracia de una frase bien trabajada, la delicia de descubrir una imagen, o la estocada, el golpe, la caricia o el sacudón que son posibles si luchamos un poco más y nos estiramos un poco más en busca de la palabra que realmente quiere ser dicha desde nuestro interior? Tristemente, si bien muchas de nuestras canciones tienen una música cada vez mejor, las letras siguen pareciendo una sarta de frases trilladas vinculadas entre sí con un detestable reciclado de lenguaje plástico e intrascendencia de papel.
¿Acaso nuestro Dios, nuestra misión, nuestra comunidad no merecen una calidad lírica mayor que la que estamos ofreciendo hasta ahora?
Gracias por considerar estas cosas. Espero que sea el comienzo de una conversación seria y continua.
Su consiervo
Brian McLaren
Traducción: Alejandro Field (field@fibertel.com.ar)
Artículo original: Open letter to worship song writers http://www.brianmclaren.net/emc/archives/resources/an-open-letter-1.html

Read More


0 Comments27 Minutes

The Justice Creed

Justice Creed
We believe that the living God is just
And that the true and living God loves justice.
God delights in just laws and rejoices in just people.
God sides with those who are oppressed by injustice,
And stands against oppressors.
God is grieved by unjust people and the unjust systems they create and sustain.
God blesses those who hunger and thirst for justice, and
God's kingdom belongs to those willing to be persecuted for the sake of justice.
To God, justice is a weighty thing which can never be ignored.
We believe that Jesus, the Liberating King, came to free humanity from injustice
And to display the justice of God,
In word and deed, in life, death, and resurrection.
The justice which God desires, Jesus taught, must surpass that of the hypocrites,
For the justice of God is a compassionate justice,
Rich in mercy and abounding in love
For the last, the least, the lost, and the outcast.
On his cross, Jesus drew the injustice of humanity into the light,
And there the heartless injustice of human empire met
The reconciling justice of the kingdom of God.
The resurrection of Jesus proclaims that the true justice of God,
Naked, vulnerable, and scarred by abuse, is stronger
Than the violent injustice of humanity, armed with weapons, conceit,
deceit, and lies.
We believe that the Holy Spirit is here, now,
Convicting the world of sin and justice,
Warning that God's judgment will come on all that is unjust.
We believe that the Kingdom of God is justice, peace and joy in the Holy Spirit.
Empowered by the Spirit, then, we seek first God's kingdom and God's justice,
For the world as it is has not yet become the world as God desires it to be.
And so we live, and work, and pray,
Until justice rolls down like water,
And flows strong and free like a never-failing stream.
For we believe that the living God is just
And that the true and living God loves justice.
Amen.

Read More


0 Comments2 Minutes

Dorothy on Leadership

Dorothy on Leadership
Or “How a Movie from our Childhood Can Help us Understand the Changing Nature of Leadership in the Postmodern Transition”
Brian D. McLaren
Originally Published in Rev. Magazine, November/December 2000

OK, I admit it. I spent most of the 80’s and early 90’s wishing I could be just like Bill Hybels, Rick Warren, or John Maxwell. They were successful. They appeared unflinchingly confident. They were powerful, knowledgeable, larger than life. I’d go to their seminars, and return home feeling wildly inspired and mildly depressed. How could I feel those two things at the same time? If you’ve attended their seminars, you probably don’t need me to explain.
But if you do need me to explain, think back to the Biblical story of David, when he tried to wear Saul’s armor. Imagine that he had actually tried to go to battle with Goliath wearing armor that was XXL when he was a regular M (or even S) guy. He would have come back looking like a partially opened (and partially eaten!) can of sardines.
I wasn’t the only one who thought that the best image of the successful pastor was the CEO, the alpha male, the armored knight, the corporate hero. Thousands of us tried on that armor, and the results – in our churches and in our personal lives – weren’t pretty. Of course, the suit fit some of us (for example, I think that Hybels, Warren, and Maxwell really are XXL’s), but most of us eventually realized that if we were going to be of any use to God, we’d better be ourselves. A novel idea!
About the time I was reaching that conclusion, I was going through my “postmodern conversion.” I was seeing the pattern or matrix of modernity giving way to a new pattern, and I was beginning to see how my whole understanding of Christianity fit snugly within the modern matrix. I wondered how ministry, theology, spirituality, and evangelism would change as the matrix changed. And I wondered how leadership would change too.
Somewhere in the middle of these musings, a strange memory returned … the scene in “The Wizard of Oz” when little Toto pulls back the curtain to reveal that the great Wizard of Oz is a rather normal guy hiding behind an imposing image. It struck me that the 1940’s world that produced the film was in many ways a world at the height of modernity, a world enamored with Superman, with the Lone Ranger, with Great Men. It struck me that by exposing the Wizard as a fraud, the film was probing an unexpressed cultural doubt, giving voice to a rising misgiving, displaying an early pang of discontent with its dominant model of larger-than-life leadership. And it made me wonder what image of leadership would replace the great Wizard.
The answer, of course, appeared in the next scene. No, it wasn’t the lion, the scarecrow, or the tin man. It was Dorothy.
At first glance, Dorothy is all wrong as a model of leadership. She is the wrong gender (female) and the wrong age (young). Rather than being a person with all the answers, who knows what’s up and where to go and what’s what, she is herself lost, a seeker, often bewildered, and vulnerable. These characteristics would disqualify her from modern leadership. But they serve as her best credentials for postmodern leadership.
In the world of Christian ministry, we could identify ten Wizardly characteristics of modern leadership. (You’ll notice the masculine pronoun used exclusively here.)
1. Bible Analyst: The modern Christian leader dissects the Bible like a scientist dissects a fetal pig, to gain knowledge through analysis, and in modernity, knowledge is power.
2. Broadcaster: Somehow, when one amplifies his voice electronically and adds a little reverb, his power quotient goes up in modernity. Being slick, being smooth, being big, being “on the air” – that’s what makes you a leader.
3. Objective Technician: The organization (church, ministry, etc.) is a machine, and the leader knows how to work the machine, how to make it run, how to tweak it and engineer (or reengineer) it. It’s the object, and he’s the subject.
4. Warrior/Salesman: Modern leadership is about conquest -- “winning” souls, launching “crusades,” “taking” this city (country, whatever) for Jesus, etc. And it’s about marketing, getting buy-in, selling (and sometimes selling out).
5. Careerist: The modern leader earns credentials, grasps the bottom rung of the ladder, and climbs, climbs, climbs – whether he is a stock-boy-who-would-be-CEO or a young preacher on the rise.
6. Problem-Solver: Come to him, and he’ll fix you.
7. Apologist: Come to him, and he’ll tell you why he’s right and your doubt or skepticism is wrong.
8. Threat: One of the most powerful and underrated weapons of the modern Christian leader has been the threat of exclusion. The sword is normally kept in its sheath, but through mocking caricatures and other forms of rhetorical demonization, a gifted orator can make you fear that if you don’t agree with/follow/submit to his leadership, you’ll be banished – like the Wizard bellowing threats from behind his curtain.
9. Knower: The modern Christian leader is (or appears) supremely confident in his opinions, perspectives, beliefs, systems, and formulations. While the rest of us question and doubt, he is the answer-man who knows.
10. Solo Act: There’s only room for one in the Wizard’s control booth, and there’s only room for one at the top of the church org chart.
When you think of Dorothy, the picture is so different. Basically, instead of sitting pretty in a control booth, she’s stuck in a predicament – still a little dizzy from the tornado, lost, far from home, needing to find the way. As she sets out on her journey, she finds other needy people (actually not people exactly, but you get the point), one in need of courage, another in need of intelligence, another in need of a heart. She believes that their varying needs can be fulfilled on a common quest, and her earnestness, her compassion, her determination, and her youthful spunk galvanize them into a foursome (five, with Toto) singing down the yellow brick road together. Dorothy doesn’t have the knowledge to help them avoid all problems and dangers; she doesn’t protect them from all threats and temptations. But she doesn’t give up, and her passion holds strong, and in the end, they all get what they need. Maybe one of the film’s many enduring delights is hidden in Dorothy’s unwizardly leadership charisma. Maybe people in the 1940’s were just beginning to yearn for a way of leadership that now is becoming ascendant – a post-wizard kind of leadership:
1. Bible Analyst → Spiritual sage: As we move beyond modernity, we lose our infatuation with analysis, knowledge, information, “facts,” and belief systems – and those who traffic in them. Instead, we are attracted to leaders who possess that elusive quality of wisdom (think of James 3:???), who practice spiritual disciplines and whose lives are characterized by depth of spiritual practice (not just by the tightness of belief system). These leaders possess a moral authority more closely linked to character than intellectual credentials; they are more sages than technicians; it’s their slow, thoughtful, considered answer that convinces, not the snap-your-fingers-I-know-that kind of answer-man know-it-all-ness. Dorothy has this “softer” authority, a reflection of her earnestness and kindness as much as her intellectual acumen.
2. Broadcaster → Listener: In the postmodern world, it’s not how loud you shout; it’s how deeply you listen that counts. Just as Dorothy engages her traveling companions by listening to their stories and evoking their needs, the postmodern leader creates a safe place that attracts a team, and then she or he empowers them by the amazing power of a listening heart.
3. Objective Technician → Spiritual friend: Think of the difference between a scientist objectively studying chimpanzees, and a crusader dedicated to saving them from extinction. In modernity, a leader loves his organization and loves his ambition, his strategic plan, his goals; but on this side of the transition, leaders love their teams, and those to whom their teams are sent. (Or, more perversely put – in modernity, I Corinthians 13 would read, “If I have all love and would lay down my life for my friends, but have not knowledge, I am a wispy wimp and a poor excuse for a leader.” Beyond modernity, we return toward Paul’s original meaning.)
4. Warrior/Salesman → Dancer: In a world plagued by ethnic hatred and telemarketers, every voice adding stridency and sales pressure to the world is one voice too many. Nobody wants to be “won to Christ” or “taken for Jesus” in one of our “crusades,” and neither do they want to be subjected to a sales pitch for heaven, that sounds for all the world like an invitation to check out a time share vacation resort. A presentation of the gospel that sounds like a military ultimatum or like a slick sales pitch will dishonor the gospel for postmodern people. Instead, think of leadership (and especially evangelism) as a dance. You hear the music that I don’t hear, and you know how to move to its rhythm. Gently, you help me begin to hear its music, feel its rhythm, and learn to move to it with grace and joy. A very different kind of leadership, don’t you agree?
5. Careerist → Amateur: The root of the word “amateur” is “amar” – to love. Most of us in Christian leadership know that seeing ministry as a career can quickly quench the motivation of love. How can we keep that higher motivation alive? How can Christian leadership be for us less like the drudgery of a “job” and more like the joy of a day golfing or fishing or playing soccer or whatever … not something we have to do, but something we get to do? The professionalization of ministry will be one of the harmful legacies of modernity, I believe … a classic case of jumping from the frying pan of clericalism into the fire of professionalism.
6. Problem-Solver → Quest Creator: The man-at-the-top of modern leadership is the guy you go to for answers and solutions. No doubt, there are times when that’s what we need now too. But postmodern leaders will be as interested in creating new problems, in setting new challenges, in launching new adventures … as in solving, finishing, or facilitating old ones. Dorothy does this: she helps her companions trade their old problems (birds landing on the scarecrow, the tin man being paralyzed by rust, the lion faking bravado) for a new quest. Of course, this is what Jesus does too. He doesn’t solve the problems of the Pharisees (How can we get these stupid crowds to know and obey the law as we do?). He creates new ones (Seek first the kingdom of God….).
7. Apologist → Apologizer: Instead of defending old answers, the new kind of leader will often apologize for how inadequate they are. In modernity, you gained credibility by always being right; in postmodernity, you gain authority by admitting when you’re wrong (think of the Pope’s visit to the Middle East in early 2000) and apologizing humbly. That kind of humility, that vulnerability, was one of Dorothy’s most winsome – and “leader-ly” -- characteristics.
8. Threat → Includer: The only threat Dorothy poses is the threat of inclusion, not exclusion. She basically threatens you with acceptance; you’re part of her journey, a member of her team, unless you refuse and walk away. That kind of leadership strikes me as gospel leadership, and it reminds me of Someone Else.
9. Knower → Seeker: Oddly, Dorothy’s appeal as a leader arises from her being lost and being passionate about seeking a way home. Does it ever strike you as odd in contemporary Christian jargon that it’s the pre-Christians who are called seekers? Where does that leave the Christians? Shouldn’t the Christian leader be the lead seeker?
10. Solo Act → Team Builder: All along her journey, Dorothy welcomed company. She was glad for a team. By the end of their journey, the lion, the scarecrow, and the tin man have joined Dorothy as peers, partners, friends. Her style of leadership was empowering, ennobling, not patronizing, paternalistic, creating dependency. So effective was her empowering of them that they were able to say a tearful goodbye and move on to their own adventures.
I know, you’re thinking, why take a silly kid’s movie so seriously? You’re right – it’s just a movie. But I find the film’s repudiation of more traditional modern leadership to be fascinating, maybe an early expression of a cultural shift that we are more fully experiencing today.
And ultimately, of course, I find in Dorothy’s way of leadership many echoes of our Lord’s. After all, you can never imagine the great and terrible Oz washing his subjects’ feet, or his voice booming out, “I no longer call you servants, but friends.”
Maybe some of us are trying hard to be something we’re not. Maybe we’re imitating styles of leadership that are becoming outdated, inappropriate. That’s not to say we don’t have a lot to learn, but maybe the best thing that could happen to us would be to have the curtain pulled back to reveal us not as XXL superheroes, but regular size-M men and women. Maybe then, with the amplifiers turned off and the imaged dropped, we’ll hear Jesus inviting us to learn new ways of leading in his cause.
From 1982-1996, Brian McLaren was a pastor at Cedar Ridge Community Church in Spencerville, MD (www.crcc.org). He is now an author, speaker, networker, and board member (www.emergentvillage.org and www.sojo.net). He and his wife, Grace, have four young adult children. He has written several books and his website is brianmclaren.net.

Read More


0 Comments19 Minutes